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10.4.15

Los 14 municipios más bonitos de Portugal (II)

Seguimos con este recorrido por algunos de los municipios portugueses que más me han gustado y que os recomiendo visitar si pasáis por Portugal. Para ver la primera parte, con los puestos del 14 al 7 de mi lista podéis consultar este enlace

Empezamos donde lo dejamos en el artículo anterior: en la costa del Alentejo, pegados al Algarve.

7 - Odemira

Alteirinhos, Zambujeira do Mar (Odemira, Portugal)

Justo al norte de Aljezur está Odemira. El  mayor municipio en extensión de Portugal tiene un interior no demasiado interesante pero una costa que es un espectáculo, con lugares tan bonitos como el Cabo Sardão, las playas de Almograve y Alteirinhos o el pueblo de Vilanova de Milfontes y su atalaya sobre la desembocadura del río Mira.

Si pasáis por el Alentejo litoral camino del Algarve es buena idea llegar unas horas (o días) más tarde con tal de disfrutar de las playas y paisajes de Odemira y Aljezur.

6 - Sesimbra


Mosteiro do Cabo Espichel (Sesimbra, Portugal)

Debo confesar que fue un descubrimiento tardío. Sesimbra me horrorizó en la primera visita, cuando tenía apenas 14 años, y no me sedujo en la segunda ya con 30. A partir de la tercera, sin depender de transporte público, la cosa cambió.

El pueblo, bastante renovado y que casi ha duplicado su población en los últimos 20 años, fue una antigua aldea de pescadores coronada por un castillo que tiene unas vistas preciosas. Hay restos de un fuerte en la zona del camping, pero estaban destrozados en mi última visita. El pueblo en sí, ni fu, ni fa, pero hay multitud de restaurantes que ofrecen un pescado fresco a la parrilla que no podéis perderos. Están especializados en el espadarte, un tipo de pez espada.

A pesar de su poco seductora capital Sesimbra tiene auténticas maravillas en su término municipal, como las playas de Lagoa de Albufeira o Aldeia do Meco; monumentos como el Mosteiro da Nossa Senhora en Cabo Espichel o la parte que le toca de la Serra da Arrábida, que en su mayoría pertenece a Setúbal, municipio donde se encuentra el famoso convento de esta montaña y la playa do Portinho, que es espectacular.

5 - Alijó

Barcos en Pinhão (Alijó, Portugal)


La gran meca del turismo interior y enológico de Portugal es sin duda la Región del Vino de Oporto, que se extiende a ambas orillas del Duero desde la frontera española hasta las tierras situadas a unos 50 kilómetros del este de Oporto. Fue la primera Denominación de Origen protegida del mundo, creada a instancias del célebre Marqués de Pombal.

Y de todos los municipios que están en ella me quedaría con Alijó, donde está la población de Pinhão, en un recodo del río en el fondo de un valle cuyas paredes están cubiertas en gran parte por viñedos, desde el agua del embalse hasta la cumbre. En Pinhão se pueden contratar visitas a las bodegas y o una excursión fluvial, además de ser parada de los cruceros que recorren el Duero desde Barca D'Alva hasta el mismo Oporto. También merece la pena darse por las tierras de vecino Tabuaço y el valle del río Távora.

4 - Vila do Bispo

Praia do Zavial, Vila do Bispo (Algarve, Portugal)

Uno de los municipios más fáciles de localizar de la península es el de Vila do Bispo, ya que se sitúa en esa esquina en la que la costa pasa de ir de norte a sur a hacerlo de oeste a este. Más allá de esta curiosidad geográfica Vila do Bispo es mi municipio preferido del Algarve y eso es mucho decir, con lugares tan bonitos como Tavira, Monchique o el ya mencionado Aljezur.

La costa occidental es muy abrupta, pero también con  amplias playas semivírgenes como Cordoama o Castelejo, a las que se llega por pistas de tierra que se adentran entre las colinas cubiertas de jaras y que no eran todo lo regulares que podrían.

La costa sur, algo menos escarpada y algo más verde tiene pequeñas playitas como Beliche, donde hay un fuerte que el mar está reclamando palmo a palmo, la ventosa Zavial o la casi desconocida playa de As Furnas a la que hay que llegar por senderos. También hay lugar para las primeras manchas de especulación en Salema o entorno al puerto de Sagres.

Y entre ambas el entorno del Cabo São Vicente, la esquina sudoeste de la península ibérica, con grandes acantilados casi verticales en los que ha habido que lamentar alguna desgracia personal.

La capital es un pueblecito muy bien conservado, de casas encaladas y por el que es muy agradable pasear.

Por cierto, en este municipio estaba la escuela de navegación que convirtió a Portugal en la vanguardia de la exploración marina del siglo XV.
 
3 - Óbidos


Óbidos (Portugal)


Óbidos es una de mis grandes debilidades. Se trata de una población entre Leiria y Lisboa cuyo principal atractivo es su castillo, uno de los mejor conservados de Portugal, y el pueblo que se encuentra dentro de la muralla, muy bien cuidado y uno de los orgullos del país vecino, habiendo quedado segundo en la lista de las Siete Maravillas de Portugal

La belleza de Óbidos es tal que formó parte de la dote de buen número de reinas portuguesas y hoy en día es lugar habitual de concentración para la selección de fútbol de Portugal.

Se puede hacer un paseo por la parte superior de las murallas, con unas vistas excelentes del entorno, el castillo y el pueblo. Da un poco de vértigo debido a la altura de sus muros, pero merece la pena.

Fuera de la capital municipal, Óbidos tiene hermosas playas y una laguna litoral, la Lagoa de Óbidos, donde se pueden ver numerosas aves, y una buena lista de patrimonio histórico como el Senhor Jesus da Pedra, a los pies del castillo o los restos romanos que se creen parte de la perdida Eburobrício, además de iglesias, capillas y hasta un monasterio en ruinas.

Por si le faltaba atractivo o aún estabais buscando una excusa para ir, del 16 de abril al 3 de mayo de este 2015 celebran una nueva edición del festival internacional del chocolate.

2 - Santana (Madeira)

Penha d'Águia (Faial, Madeira)

Santana es un espectáculo para los ojos, uno de esos lugares que hay que visitar antes de morirse por la cantidad de cosas que se pueden ver y visitar.

Se trata de un municipio con muchos contrastes: costero, pero casi sin playas. Zonas donde la naturaleza está "europeizada" y zonas donde prospera la naturaleza macaronésica virgen en todo su esplendor y que está considerada como Patrimonio Universal de la UNESCO, edificios que podríamos encontrar en cualquier lugar del norte de Portugal y cabañas isleñas con techo de paja y que se conocen como palhoças. O una inmensa roca en medio de un paisaje con suaves ondulaciones.

Y agua, agua por todas partes. Cascasdas, acantilados, torrentes y barrancos por todas partes, un lujo para la vista.

Varias de las más famosas levadas de Madeira discurren total o parcialmente por su término municipal, tanto por la costa, como por el interior. Tuve ocasión de recorrer la de Os Balcões, en Ribeiro Frío y la de Caldeirão Verde / Caldeirão do Inferno, que ha sido el recorrido más alucinante que hice en mi vida. Fue como pasear por una película, con esas nieblas enganchadas a los valles y esas cascadas cayendo desde las nubes.

1 - Sintra

Casona en Sintra

Siempre que me han preguntado he dicho que si sólo dispones de un día para ver algo de Portugal tu destino tiene que ser Sintra. Y es que no importa lo de acuerdo que la gente esté con uno u otro ranking de "pueblos más bonitos de Portugal" que normalmente Sintra siempre estará entre los primeros o el primero. Una cosa: Sintra es un pueblo bastante pequeño, pero el municipio ronda los 380 mil habitantes. Más que Vigo, por ejemplo.

Sintra es un lugar extraño: es una ciudad en un monte en medio de una llanura, construida entre árboles en un sitio que no los tiene y con una arquitectura maravillosa en una zona que no destaca por este concepto. Esta singularidad ha atraído al poder económico y político de Portugal desde que existe como país y fue residencia habitual de los reyes durante los meses de verano, que le dedicaron numerosas atenciones en forma de privilegios, inversiones y obras. Buena parte de este patrimonio se perdió tras el Gran Terremoto y por eso casi todo lo que ha llegado es posterior a este evento y procede de los siglos XIX y XX.

Con lugares tan imprescindibles como la Quinta da Regaleira, el Castelo dos Mouros o el Palácio da Pena, Sintra es un lugar mágico, con mucho para ver y visitar.

Azenhas do Mar (Sintra, Portugal)

Pero no es lo único para ver y visitar. Una de mis mayores debilidades de la región de Lisboa es el pequeño pueblo de Azenhas de Mar, en la freguesía de Colares, en la costa y cuyas casitas blancas bajando por el acantilado forman una imagen muy reconocible. Azenhas produce un vino muy famoso producido por vid que se plantaba a través del acantilado y que tardaba muchos años en crecer hasta ser productiva.

Y otro punto singular es el Cabo da Roca, también en Colares, que es el punto de la Europa Continental más occidental. Si vais a verlo cuidado con los fuertes vientos.



Y hasta aquí el recorrido por estos municipios. Revisando la lista me vienen a la mente muchos otros lugares de gran interés que me he dejado atrás: Porto Moniz, Tavira, Calheta, Monchique, Guarda, Covilhã, Marvão, Grândola, Mira, Cantanhede, Ourém, Leiría... tantos y tanto sitios por ver que es inevitable que cualquier lista que se haga sea una injusticia.

Así que si os apetece y os ha gustado este recorrido, podéis ver más lugares fantásticos de Portugal, nuestro desconocido y maravilloso vecino, en los siguientes enlaces.

http://viajesporiberia.blogspot.com.es/search/label/portugal
http://lugaresadescubrir.blogspot.com.es/search/label/portugal

También podéis seguirme en @lugaresadescubr si queréis estar al tanto de nuevas actualizaciones

24.7.11

Del Gêres al Lago de Sanabria (I): De Terras de Bouro a Chaves y Verín


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También puedes leer allí el índice de rutas completo.


Albufeira da Caniçada (Terras de Bouro, Portugal)
Albufeira da Caniçada


A seca en Montalegre (Trás-os-Montes, Portugal)
Albufeira de Venda Nova


Casa do Concelho (Chaves, Portugal)
Casa do Concelho, Chaves


Ponte romana de Chaves (Alto Trás-os-Montes)
Ponte romana de Chaves


Castelo de Chaves (Trás-os-Montes, Portugal)
Castelo de Chaves


Castelo de Monterrei (Ourense, Galicia)
Castelo de Monterrei


Castelo de Monterrei (Ourense, Galicia)
Castelo de Monterrei

Esta ruta es una extensión de las dos anteriores, en las que habíamos recorrido las sierras de A Peneda y Gêres. Con esto se cierra (hasta cierto punto, queda mucho por ver) una ruta mayor que va casi siguiendo la frontera desde Viana do Castelo hasta el final del recorrido de hoy.

Vamos a iniciar el recorrido en Río Caldo, cerca del final de la ruta anterior, y en lugar de tomar la dirección de la frontera española por Vilar da Veiga y Vila do Gêres, seguiremos la carretera que une Chaves con Braga, lo que nos va a llevar por una carretera extremadamente llena de curvas. Tiene el tamaño de una carretera nacional española, pero muchísimas curvas. Tantas que llega a aburrir (de hecho, tiene su influencia en la segunda parte de esta ruta).

Lo bueno de este tramo, casi siempre en ascenso, es que tendremos la oportunidad de ver increíbles vistas sobre los valles y sobre los embalses que se construyeron en esta zona y que representan un porcentaje bastante apreciable de la capacidad de generación eléctrica del país.

Al igual que en el caso de Galicia, esta enorme explotación de sus recursos naturales no se nota después tanto a la hora de las inversiones, siendo el norte portugués una zona no ya deprimida económicamente, si no directamente discriminada a la hora del reparto presupuestario o a la hora de efectuar recortes. En efecto, el norte portugués ha sido el primer lugar donde el gobierno luso ha convertido las autovías en vías de peaje... lo cual para una región que depende mucho del comercio con España significa una reducción de ingresos importante. Luego los portugueses del norte emigran... normal.

Antes decía que lo bueno de esta ruta es que tiene unas vistas estupendas. Lo malo es que casi ninguna de ellas puede ser disfrutada con el coche parado. A la hora de construir las carreteras no se dejó espacio ni para miradores, ni para pequeñas áreas de descanso que un conductor agotado pueda aprovechar. En una carretera como esta un área de descanso salva vidas.

La carretera continúa evolucionando por toda esta zona de montañas, dándonos preciosas vistas sobre la Albufeira da Caniçada, que es la que cruza Río Caldo, la de Salamonde y la de Venda Nova. Por esta zona parece que están construyendo un túnel de varios kilómetros al que no le veo mucho sentido, ya que no parece ahorrar gran cantidad de tiempo o distancia sobre el trazado actual, así que cuando esté construido, yo recomendaría ir por la vieja carretera para poder disfrutar del paisaje. Al fin y al cabo, estamos de ruta.

En los años de sequía los embalses presentan un aspecto bastante feo. Sólo os pongo una foto bastante reveladora, pero tengo otras donde se ve que la mengua de superficie inundada es muy importante.

Otra cosa interesante que hay por aquí es el Ponte da Misarela o Ponte do Diabo. Sólo la vi en carteles y fotos pero tiene muy buena pinta. Me di cuenta de los carteles cuando ya me había pasado unos cuantos kms del sitio y no me apetecía dar la vuelta.

El siguiente embalse es del de la Albufeira do Alto Rabagão, muy cerca de una ruta que ya habíamos hecho, la de Montalegre y Pitões das Júnias. Esta albufeira parece un pequeño mar y hasta parece que tiene alguna explotación piscícola (desde el coche y desde lejos parecían bateas).

Y por fin llegamos a Chaves, nuestra primera parada de la ruta. Se trata de una ciudad con una historia antiquísima, anterior incluso a la llegada de los romanos. Pero fueron ellos los que la situaron en el mapa con el nombre de Aqua Flaviae y aún hoy Chaves posee un interesante legado de tiempos del imperio, como el puente con sus miliarios o las termas. Asimismo, de los tiempos de las guerras con España tenemos el fuerte de São Francisco, convertido hoy en hotel, o el castillo, que hoy es un museo y posee unas vistas estupendas sobre la comarca. Y por supuesto, se puede dar un paseo por su centro histórico, magníficamente conservado o por el parque que han construido a orillas del Támega.

Llegados a este punto, cruzar la frontera e ir al castillo de Monterrei, al lado de Verín no es mala idea, aunque sólo sea para visitar al rival del castillo que acabamos de ver. El castillo de Monterrei queda en lo alto de un pico que le da una vista excepcional sobre la comarca circundante y tiene también una historia amplia y muy interesante, más incluso desde el punto de vista cultural, que militar (a pesar de las muchas batallas aquí libradas). Y es que en este castillo, entre otras cosas, operó la primera imprenta de Galicia.

Vamos a dejar la ruta por aquí para no hacer el artículo demasiado largo. En la siguiente entrega, recorreremos Vidago, las tierras que van hacia Murça, Bragança, el Montesinho y Sanabria, ya en España.

El Mapa

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24.6.11

Parque Nacional A Peneda- Gêres (II) (Portugal)

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Caminho de Brufe (Terras de Bouro, Portugal)
Caminho de Brufe


Vilarinho da Furna (Terras de Bouro, Portugal)
Embalse de Vilarinho da Furna


Estrada de Vilarinho da Furna (Terras de Bouro, Portugal)
Estrada de Vilarinho da Furna


Embalse de Vilarinho das Furnas (Terras de Bouro, Portugal)
Embalse de Vilarinho das Furnas


São Bento da Porta Aberta (Terras de Bouro, Portugal)
São Bento da Porta Aberta


Río Caldo (Terras de Bouro, Portugal)
Albufeira da Caniçada desde Río Caldo


Vila do Gerês (Terras de Bouro, Portugal)
Vila do Gerês


O Río Arado (Terras de Bouro, Portugal)
Valle del Río Arado (Ermida)


Cascatas do río Arado (Ermida, Terras de Bouro - Portugal)
Cascada del Arado


Río Arado (Terras de Bouro, Portugal)
Poza en el río Arado


Estrada de Portela de Homem (Terras de Bouro, Portugal)
Estrada de Portela de Homem


Portela de Homem (Terras de Bouro, Portugal)
Alfándega de Portela de Homem


Nuestra segunda etapa por tierras del único Parque Nacional que existe en Portugal comienza donde lo dejamos en la etapa anterior: a orillas del río Lima, muy cerquita de Ermelo.

En esta segunda etapa nos adentraremos en el Gerês propiamente dicho, tras haber hecho un trayecto por tierras de A Peneda, siempre en el concelho de Terras de Bouro.

Esta segunda parte va a ser muy cortita, pero con bastantes cosas para ver. Para empezar seguiremos el curso del Lima hacia Ponte da Barca, hasta un lugar llamado Entre-Ambos-os-Ríos, en el que no me detuve por falta de tiempo pero que me llamó un poquito la atención por su paisaje.

La carretera que comienza aquí va a adentrarse en el Gerês y dispone de unos pasajes bastante desolados, muy tristes en comparación con las más majestuosas formaciones de A Peneda. Piedra quebrada, formas más suaves y un terreno bastante pelado, a ratos jalonado de restos de madera quemada en incendios nos transmite una sensación bastante triste. Y el hecho de encontrarnos con algunos tramos de adoquín me hizo sentir como si hubiera retrocedido 30 años de golpe.

Nuestra primera parada será Brufe, una pequeña aldea de montaña que trata de mejorar su economía en base a explotar el turismo. Así, algo de artesanía, alojamiento, más algunas rutas de senderismo para poder ver su patrimonio histórico, como su Foxo do Lobo, que era una construcción, un foso, que se empleaba para matar a los lobos: los pastores los perseguían, llevándolos hasta el hoyo donde quedaban atrapados y eran sacrificados.

Más adelante la carretera comienza a bajar por un valle desde el que podremos ver el embalse de Vilarinho das Furnas, en medio de un paraje de rocas quebradas por los elementos. Esto hace que la conducción sea peligrosa, hasta cierto punto, ya que en las partes más bajas de la carretera es posible que algunas piedras caigan sobre el asfalto. Mejor ir despacito y no hacer mucho ruido.

El embalse de Vilarinho das Furnas recibe su nombre de la aldea que hoy descansa en su lecho y que puede ser vista algunos veranos cuando el nivel del agua es bajo. Se trataba de una aldea de montaña en el fondo del valle. Lo que en principio era una forma de protegerse contra los duros inviernos de la zona se convirtió en la condena del pueblo cuando el gobierno portugués decidió aprovechar las aguas del Río Homem, un tributario del Cávado. Existe una película documental que cuenta los últimos días de este pueblo.

Bordeando el embalse tenemos una pista de tierra que nos llevaría hasta Portela de Homem, nuestra última parada, pero es mejor olvidarnos de ella y dirigirnos un poco hacia el sur, hacia Campo do Gerês, una freguesía que ha sabido aprovechar muy bien el turismo y los deportes de montaña: existen negocios de alquiler de caballos, deportes de aventura con tirolinas y demás, alquiler de bicis, etc. Los bosques de esta zona son preciosos, atravesados por mil arroyos de agua transparente.

Y pasando del turismo de aventura, podemos ir hacia otro tipo de turismo: el turismo religioso. Porque no demasiado lejos está el Santuario de São Bento da Porta Aberta, que sería el otro gran polo de devoción popular tras el santuario de Nossa Senhora da Peneda que vimos en la etapa anterior. Son dos templos, uno de arquitectura más clásica, y el otro uno de esos abortos arquitectónicos que suelen ser las iglesias modernas. Desde aquí tenemos una vista muy buena del valle en el que se enclava la Albufeira da Caniçada, el mayor embalse del municipio, y desde aquí ya se puede ver el puerto deportivo de Río Caldo.

Bajando por la carretera hasta Río Caldo, descubrí que el puerto deportivo, y la decoración de los puentes me recordaban a alguna de las zonas mas exclusivas de las Rías Baixas, como A Toxa (salvando las distancias, claro). En este puerto y en otro cercano, además de las lanchitas deportivas y demás, también se pueden alquilar canoas, con lo cual los amantes de los deportes náuticos que también sean aficionados a la montaña estarán en su salsa.

Ya hemos visto que Terras de Bouro tiene etnografía, deportes náuticos, de montaña, de aventura, senderismo, bosques... ¿qué le falta?

Pues turismo de balneario. Y esta fue la penúltima sorpresa que me brindó Terras de Bouro: también tiene un pueblo-balneario. Se trata de Vila do Gerês, Gerês a secas o Termas do Gerês. Lo he visto indicado de las tres formas por internet, aunque el primero de los términos es el que estaba en las señales de tráfico.

La arquitectura es realmente maravillosa en los edificios más antiguos y está llena de hoteles y otros establecimientos hosteleros. Es como un Mondariz-Balneario en pequeñito.

Nada más salir del pueblo hay una carretera que indica "Cascata do Arado" (catarata del Río Arado) y "Ermida". Este va a ser nuestro último desvío antes de regresar a España, pero merece la pena. Atención porque en la ruta de más abajo en Google Maps no está marcado el lugar porque la carretera no está recogida en su cartografía.He añadido un segundo mapa para localizarlo.

Se trata de un trayecto de unos 11 kms más o menos hasta un cruce donde tenemos que decidir entre ir a Ermida o a las cascadas. Podemos aparcar aquí y acercarnos a un mirador que está señalizado y tiene una vista preciosa del valle del Arado.

A partir de este punto y en dirección a las cascadas el camino deja de estar asfaltado y se trata de una pista de tierra con buena pinta y bastante ancha... pero en cuanto te metes en ella te das cuenta de que tiene unos baches bastante profundos y hay que ralentizar mucho la marcha para no castigar el coche demasiado, y un poco más adelante veremos un puente, en cuyos alrededores deberíamos aparcar. Ya hemos llegado a la cascada del río Arado, que en algunos lugares veréis marcada como "cascata de Tahití".

A partir de aquí, si es verano, podemos avanzar río arriba por el cauce del Arado hacia la cascada, o bien subir por unas escaleras que sabe Dios quién pondría ahí, pero debía ser muy alto, porque son escalones bastante grandes. Por este camino tendremos unas vistas muy bonitas de la cascada, y también, desde lo alto, del valle del río.

Desde este punto, en lo más alto del camino, parten varias rutas de senderismo por el Gêres, incluyendo una que va hasta España y de la que me hablaron bien (pero no hice). Sé que río abajo hay otra cascada, tal vez a un kilómetro o kilómetro y medio, pero ya lo descubrí cuando me iba, así que tendré que ir en otra ocasión, aunque la pinta que me tenía era realmente interesante.

Y de aquí a la frontera, una carretera estrechita y preciosa rodeada de unos bosques que me enamoraron, con varios ríos y regatos y con una pequeña cascada casi al final, a unos 500 metros de la frontera de Portela de Homem, que aparece abandonada (la parte española amenazando ruina, la portuguesa recuperada, pero sin uso aparente.

Y si nos quedamos con las ganas de ir a las termas, podemos adentrarnos en Lobios unos kilómetros hasta el lugar de Bubaces, donde a orillas del Río Caldo (no confundir con el que pasamos en Terras de Bouro) tenemos una pequeña piscina de agua caliente muy apreciada a un lado y otro de la frontera.


El Mapa

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6.2.11

Parque Nacional A Peneda- Gêres (I) (Portugal)

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Melgaço (Minho, Portugal)
Melgaço

Mosteiro de Fiães (Melgaço, Portugal)
Mosteiro de Fiães

A Serra da Peneda (Melgaço, Portugal)
Porta de Lamas de Mouro

Porta de Lamas de Mouro (Melgaço, Portugal)
Porta de Lamas de Mouro

Santuario da Peneda (Arcos de Valdevez, Portugal)
Santuario da Peneda

Gavieira (Arcos de Valdevez, Portugal)
Gavieira

Adrão (Arcos de Valdevez, Portugal)
Adrão (Gavieira)

Mosteiro de Ermelo (Arcos de Valdevez, Portugal)
Mosteiro de Ermelo


Cuando la gente se plantea el irse a Portugal frecuentemente piensa en sus playas o sus dos grandes ciudades, Oporto y Lisboa. Pero Portugal cuenta con grandísimos atractivos en su interior que son aún más ignorados, si cabe, que el resto del país.

La ruta que vamos a tratar aquí ha sido uno de mis pecados de los últimos años, puesto que hace bastante que me la planteaba y no la hice hasta ahora, cuando por fin me he decidido a coger el coche y hacer un pequeño recorrido por el único Parque Nacional del país.

Es una ruta para tomarse con calma: a pesar de la estimación de Google Maps, la ruta lleva su tiempo... tanto que hacerla en un día es un poco aventurado: no te da tiempo a ver nada de nada. De hecho, hay tantas cosas que contar que voy a dividir la ruta en dos partes, cubriendo una las terras de A Peneda y la segunda se dedicará a la Serra do Gêres.

Partimos de Melgaço, cuna de Mario Soares, villa balnearia, y famosa por sus vinhos verdes y su lamprea. Para los habituales del blog le sonará porque ya se había visto en alguna otra ruta. Del patrimonio histórico de la capital del municipio podemos destacar los restos de su castillo, que es la fortaleza (y el municipio) más septentrional de Portugal. Para acceder a Melgaço podemos utilizar su puente internacional, que la une a la villa pontevedresa de Arbo.

Si seguimos la carretera en dirección a São Gregorio encontraremos un desvío hacia Lamas de Mouro y el Parque. Normalmente la gente nos dirá que vayamos por aquí... pero entre que los GPS dicen que es un camino más lento (y me inclino a darles la razón en este caso) y que hay cosas que ver por el otro camino, seguiremos un poquito más hasta la salida de Fiães.

Y en Fiães está  nuestra segunda parada del día, los restos de su monasterio que básicamente se reducen a unas cuantas ruinas y a la iglesia parroquial, que en su momento lo fue del monasterio. Hoy en día es un templo que sirve a una freguesía de unas 300 personas, pero en el pasado fue un poderoso e influyente centro monástico con 20 abadías y numerosos cotos repartidos por Galicia y las regiones portuguesas de Minho y Tras-os-Montes. Se decía que el segundo hombre más poderoso del país (tras el rey, obviamente) era el Abad de Fiães.

Un poco antes de Lamas de Mouro hay un desvío a Castro Laboreiro, casi en la frontera con España. Se trata de una freguesía de Melgaço con bastante historia y un par de curiosidades, como el haber sido municipio independiente (minúsculo y muy pobre) o el de albergar a la entidad de población portuguesa situada a más altura (Curral do Gonçalo)... pero sobre todo por tener una raza de perro propia, el Perro de Castro Laboreiro (el enlace en portugués es muchísimo más completo). Pero no subimos hasta aquí para ver perros o para tocar el techo habitado del país, si no para ver el Castelo de Castro Laboreiro, del que quedan sólo unas ruinas pero que fue crucial para la independencia Portuguesa durante varios siglos, conteniendo a las tropas leonesas y castellanas en varias ocasiones.

Volviendo a nuestra ruta, al llegar a Lamas de Mouro tendremos el acceso al Parque Nacional. Un agradable bosque de coníferas con pequeños riachuelos que se ha acondicionado como área recreativa nos da la bienvenida al Parque. A partir de aquí veremos formaciones rocosas bastante majestuosas y de gran belleza, mientras avanzamos hacia el Santuario de A Peneda, dejando atrás el concelho de Melgaço y entrando en el de Arcos de Valdevez. Mucho cuidado a partir de aquí: detrás de cualquier curva te puede salir un coche, una vaca, un caballo, una señora mayor... aquí más que nunca mucha concentración al volante.

Se trata de un edificio terminado en el siglo XIX y que cuenta con numerosos adeptos a sus romerías. Desde aquí parten varias rutas de senderismo, de las cuales la más famosa es la que parte desde detrás del templo hasta los penedos que se encuentran monte arriba (unos 45 minutos de subida). Al final del camino se encuentra un pequeño embalse, cuyas aguas son las que alimentan una cascada que se desliza hasta un lateral del santuario y una campa donde pastan las vacas de los habitantes del pueblo. Desde allí hay unas muy buenas vistas del valle y de la población.

Nuestro camino va a continuar por el valle (mejor retroceder y cruzar al otro lado del río) y seguiremos hasta Rouças (me temo que no está señalizado... o yo no lo he visto) y luego tomar un desvío hacia Gavieira y seguir hasta el siguiente pueblo, São Bento do Cando, desde donde hay unas vistas bastante buenas del valle, con una espectacular ladera granítica que debe hacer las delicias de los amantes de la escalada. Podemos seguir unos kilómetros más hasta un cruce, sólo por ver el paisaje, pero al terminar debemos desandar el camino hasta Rouças y continuar hacia el sur, hacia Adrão (pueblo con muchas casas abandonadas y un refugio que urge restaurar) y Soajo, cuyos hórreos (espigueiros) forman un conjunto histórico muy peculiar y merecen una visita (que yo no hice, lamentablemente).

Y pasando Soajo ya casi estamos en el final de esta primera etapa, los restos del monasterio de São Bento de Ermelo del que no he encontrado demasiada información, pero al igual que en el caso de Fiães sólo parece quedar la iglesia en pie. Una curiosidad de esta pequeña población encaramada en una de las riberas del río Lima (o Limia en su  tramo gallego) es la cantidad de naranjos que cultivan los lugareños.

Podemos terminar esta primera parte haciendo una pequeña parada en la antigua central hidroeléctrica de Lindoso, nada más cruzar el río. Necesita un pequeño mantenimiento, pero es una parada interesante para aquellos a los que les gusta la arquitectura industrial.

El Mapa
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11.7.09

Mosteiro de Pitões das Júnias, Montalegre (Trás-os-Montes e Alto Douro, Portugal)

Sta Maria das Junias, Montalegre (Vila Real, Portugal)
Sta Maria das Junias

Mosteiro de Pitões das Júnias, Montalegre (Vila Real, Portugal)
Mosteiro de Pitões das Júnias

Moinho do Mosteiro de Pitões das Júnias (Montalegre, Vila Real)
Moinho do Mosteiro

Pitões das Junias, Montalegre (Vila Real, Portugal)
Acceso al monasterio

Montalegre, Vila-Real (Trás-os-Montes e Alto Douro, Portugal)
Montalegre

Igreja de Sta María do Castelo, Montalegre (Vila-Real, Portugal)
Sta María do Castelo

Castelo de Montalegre (Vila Real, Portugal) (v2)
Castelo de Montalegre

Torre de Homenaje en Montalegre (Vila Real, Portugal)
Torre de Homenaje
Los edificios históricos abandonados siempre han ejercido una extraña atracción sobre los viajeros. Tal vez por saber cómo una construcción que tuvo una historia más o menos dilatada en el tiempo pudo haber llegado hasta eso.

En el caso de castillos y monasterios, antiguos centros de poder, esta atracción es mayor: ¿qué llevó a la decadencia y abandono a un lugar que antaño recibía tributos y era temido en mayor o menor medida por aquellos que vivían en las cercanías.

Es un poco el caso del monasterio de Pitões das Júnias, en las cercanías de la aldea del mismo nombre y a orillas del regato Campesinho, a un paso del Parque Nacional A Peneda-Gêres.

Cuenta la leyenda que dos nobles que estaban cazando, viendo que sus perros se detuvieron agachando la cabeza frente a un roble, se acercaron y descubrieron allí a la Virgen María. Por ello prometieron construir allí un monasterio.

Sin embargo la historia, mucho menos romántica, nos habla de un origen ermitaño, de monjes que buscaban el aislamiento (de ahí su fondo paisajístico) y de un monasterio humilde que vivía del pastoreo y que sólo muchos siglos después alcanzó su esplendor obteniendo tierras y rentas tanto en Portugal como en Galicia, de la cual dependía antiguamente al ser inicialmente una dependencia del monasterio de Oseira. Se supone que este monasterio se construyó antes de la fundación de Portugal, aunque lo que hoy vemos es el resultado de las obras del siglo XVII.

Y la ruina, viene en parte tanto de la decadencia del siglo XVIII, de la extinción de los monasterios de 1834 (parecida a nuestra Desamortización) y que llevó último monje a convertirse en el párroco del pueblo, Pitões das Júnias, y finalmente al incendio que destruyó casi todas las dependencias

No queda gran cosa de lo que debió ser el monasterio, bastante modesto en su tamaño como consecuencia de los magros tributos que debió recibir de los habitantes de estas ásperas tierras, conocidas como la Comarca do Barroso.

En el pueblo hay un pequeño museo que nos da cuenta de la dureza de las condiciones de vida de los habitantes hasta hace bien poco, lo que nos lleva a pensar en la vida que pudieron llevar sus antepasados cuando rendían tributo al monasterio.

Tan sólo algunas paredes y algunos arcos restan de lo que fue el monasterio, conservándose en buen estado, techada y en uso la que fue la iglesia de Santa María donde imagino que hoy en día se celebrará romería.

Hasta aquí se puede acceder desde el pueblo a través de una pista que remata en una bifurcación de dos caminos: uno hacia una cascada (que no tuve ocasión de ver) y otro hacia el monasterio, ambos señalizados.

Este camino empieza siendo de tierra y continúa siendo una calzada muy irregular, destrozada por el paso del tiempo y donde aún se adivinan las roderas de los carros que llevaban mercancías y tributos al monasterio.

Para terminar la ruta se puede ir hasta Montalegre y visitar su castillo, cuyas murallas casi han desaparecido pero cuyas torres se encuentran muy bien conservadas y están siendo restauradas.

Algunos derrumbamientos no fueron por el tiempo, lo que no hubiera sido de extrañar dado que cayó en decadencia sobre el siglo XVIII, si no por los efectos del terremoto de Lisboa. Debió ser increíblemente potente para que sus efectos fuesen dañinos a tanta distancia de la capital portuguesa.

El mapa
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