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24.6.14

Playas de Portugal: Porto Novo, Vimeiro (Torres Vedras)

Porto Novo, Vimeiro (Torres Novas, Portugal)

En la costa que se extiende desde Ericeira hacia el nortem hacia Peniche, aún se puede disfrutar de un poco de lo que fue la costa antes del boom del turismo.

Por desgracia, algunos hoteles como el que podemos ver en la derecha de la foto amenazan estos últimos remanentes con encanto. El turismo de sol y playa es pan para hoy y hambre para mañana, ya que destroza la costa y elimina la singularidad que atrajo a los turistas en primer lugar.

En la foto vemos una playa en la zona de Vimeiro, en el concelho de Torres Vedras, tal vez el menos turístico de esta parte del país, ya que se trata de una de las zonas de playa más populares entre los lisboetas. Pero la competencia de Peniche, de gran importancia en el mundillo surfista, y Mafra, más cercana a Lisboa y mucho mejor comunicada, la eclipsan un poco. Afortunadamente.

La formación de la derecha es arena prensada y compactada (o fosilizada, si lo preferís) que nos muestra cómo se forman las rocas en el litoral. Esa en concreto jamás será roca, ya que la erosión deshará la formación mucho antes de que finalice el proceso, pero es una interesante muestra de cómo funciona.

Como curiosidad, fue en tierras de la freguesía de Vimeiro (C.M. de Lourinhã) donde ocurrió la batalla homónima donde las tropas británicas bajo el mando del Duque de Wellington derrotaron a las tropas napoleónicas poniendo fin a la presencia gala en tierras lusas.

¿Cómo llegar a Porto Novo (Vimeiro)?

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26.12.10

La costa estremeña (Estremadura, Portugal)

En el blog Lugares a Descubrir puedes seguir esta entrada con todas las actualizaciones que se le vayan haciendo.

También puedes leer allí el índice de rutas completo.

Igreja de Nossa Senhora de Nazaré (Leiría, Portugal)
Igreja de Nossa Senhora de Nazaré


Nazaré (Leiría, Portugal)
Nazaré


Senhor Jesús da Pedra

Óbidos
Óbidos


Porto Novo, Vimeiro (Torres Novas, Portugal)
Porto Novo, Vimeiro


Ribeira d'Ilhas (Ericeira, Portugal)
Ribeira d'Ilhas


Praia dos Pescadores (Ericeira, Portugal)
Praia dos Pescadores (Ericeira, Portugal)


Praia do Sul (Ericeira, Portugal)
Playa en Ericeira


Azenhas do Mar (Sintra, Portugal)
Azenhas de Mar


Azenhas de Mar, Sintra (Portugal)
Azenhas de Mar


Caída Puta cerca de Azenhas de Mar (Sintra, Portugal)
Acantilado en Azenhas de Mar

Aunque hoy en día no existe Estremadura como tal región administrativa en Portugal, históricamente sí que lo hizo, y su costa norte se corresponde bastante aproximadamente con la ruta que os propongo. Aunque no he visitado todos los lugares de los que voy a hablar, tengo inmejorables referencias de ellos.

Y uno de esos lugares es la pequeña villa de São Pedro de Moel, donde comenzará nuestro recorrido. Se trata de una población que conoció tiempos mejores en lo que a turismo se refiere. El suyo era un turismo elitista que aún hoy da fama al lugar, a pesar de que este carácter se ha perdido y parece que se aprecia una cierta decadencia... al menos si atiendo a lo que leo por ahí. Tienen fama sus parques entre pinares y la Pena da Saudade, donde dice la leyenda que la Duquesa de Caminha lloraba cada día a su ejecutado esposo... lamentos que alguna gente cree aún percibir en el sonido del mar.

Hacia el sur se encuentra Nazaré, otro de los grandes destinos turísticos de playa de Portugal y, para mí, uno de los pueblos más bonitos del país. No es tan espectacular como Sintra, ni tan encantador como Óbidos, pero como pueblo turístico con encanto no creo que haya muchos que superen a Nazaré en el país. Sus calles de casas blancas, su enorme playa y sobre todo la zona del mirador que está al norte de la población son muy recomendables, con sus vistas y la Igreja de Nossa Senhora.

São Martinho do Porto parece (no la conozco) un poco maltratada por el turismo, ya que en primera línea de playa se ven bastantes edificios que parecen hoteles. De todas formas, la gente habla bastante bien de su playa y de su ambiente.

Si pena tengo por no conocer São Martinho y São Pedro, más me queda por no conocer Foz do Arelho, aunque sólo sea por las curiosidades del lugar: parece estar en la desembocadura de un río, como dice su nombre... pero es que no existe ningún río Arelho y tampoco está en la desembocadura de ninguno. Foz do Arelho está en la desembocadura de la Lagoa de Óbidos, una laguna litoral del mismo tipo que otras vistas en rutas anteriores como la Lagoa de Santo André en Sines o la Lagoa de Albufeira en Sesimbra. Las fotos muestran un lugar realmente interesante... y a mi estas lagunas litorales me pierden.

La siguiente parada sería Óbidos, ya vista en rutas anteriores. Se trata de un pueblo construido mayoritariamente dentro de unas murallas y en lo alto de una pequeña elevación sobre el terreno circundante y en el que merece la pena detenerse. Por el castillo, por las vistas, por el acueducto de la entrada, por callejear... elegid la razón, pero para mí Óbidos es parada obligatoria cuando paso por esa región.

Desde aquí podemos ir hacia Peniche (cuidado, usuarios de Sygic... calcula fatal esta ruta: el mejor camino es por la vía rápida). En Peniche hay poco que ver en comparación: sus acantilados son realmente bonitos, de arenisca, y se puede coger un barco hasta las Ilhas Berlengas, unas islas a un puñado de kilómetros de la costa en las que no he estado, pero cuyo aspecto en fotos me seduce bastante. También tiene una fortaleza, pero es bastante ordinaria.

A propósito, Peniche tiene dos cámpings: el privado, con personal borde y maleducado que además trata bastante mal a los españoles y unas duchas en un estado, hablo de 2008, bastante malo y el público, mucho más barato y a la entrada del pueblo según sales de la vía rápida y con un personal muy amable y educado (y unas duchas en mejores condiciones)

A partir de este punto los amantes del surf pueden ir prestando más atención. Peniche en sí mismo y sospecho que los pueblos que he ido mencionando antes son lugares de peregrinación surfera... pero de aquí en adelante vienen las mejores playas o eso tengo entendido. Y por acojonante que parezca, el turismo no ha destrozado completamente el lugar, como podéis ver en la foto de Porto Novo, Vimeiro, donde podemos parar para ver cómo la arena fosilizada y compactada se está convirtiendo en roca... y un hotel que rompe por completo el encanto del lugar.

Por esta zona hay playas como São Lourenço, Ribeira d'Ilhas y otras, que nos van a regalar la vista hasta que lleguemos a Ericeira, otro pueblo que ya se había visto en otra ruta y famoso tanto por su turismo, como por el hecho de haber sido el punto de huida del último monarca portugués, que salvó su vida por un margen de dos escasas horas.

De Ericeira nos vamos hasta Azenhas de Mar (en muchos GPS no aparece y lo más cercano posicionado es Praia das Maças). Hay un momento en que llegamos a un cruce. Mi GPS me marcaba que es mejor ir a mano izquierda, pero por experiencia, ya que he ido por ambos caminos, es más satisfactorio ir por la derecha, aunque sea un poco más largo.

De Azenhas de Mar lo interesante es la arquitectura y el urbanismo del pueblo, construido en las riberas de una azenha, que es una torrentera que acaba en el mar. Y también es interesante ver la piscina de agua marina de la parte inferior del pueblo: durante la pleamar queda sumergida y en la bajamar esa agua queda retenida, siendo mucho mejor para el baño que la abrupta costa, que no está exenta de peligro. Por cierto que los acantilados de la zona que va de Ericeira a Azenhas son bastante interesantes de ver por lo diferentes a lo que estamos acostumbrados de ver en el norte de España.

Azenhas, por cierto, pertenece a Sintra, que aunque no queda en esta ruta siempre es digna de ver. Sintra es, en mi opinión, el pueblo más bonito de Portugal.

Y enfilamos los últimos tramos de nuestra ruta visitando el Cabo de Roca, de espectaculares acantilados y que es el punto más occidental de la Europa continental. Hace un viento del carajo, así que si vais en invierno, mejor bien abrigados.

Y para finalizar, Cascáis y Estoril, dos poblaciones que en tiempos fueron lugar de veraneo de la flor y la nata de la alta sociedad europea y que hoy se benefician de las villas y palacetes que quedaron de ese tiempo para seguir siendo uno de los destinos turísticos más conocidos del país vecino.


El Mapa

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27.12.09

Portugal y Andalucía (II): Un segundo vistazo a Sesimbra

Lagoa de Albufeira, Sesimbra (Alentejo, Portugal)
Lagoa de Albufeira


Raio de can
Lagoa de Albufeira


Día de playa en Aldeia do Meco (Sesimbra, Portugal)
Praia do Meco


Cabo Espichel (Sesimbra, Portugal)
Cabo Espichel


La familia que se despeña unida... (Cabo Espichel, Sesimbra, Portugal)
Cabo Espichel


Mosteiro do Cabo Espichel (Sesimbra, Portugal)
Mosteiro do Cabo Espichel


Faro do Cabo Espichel (Sesimbra, Portugal)
Cabo Espichel


Castelo de Sesimbra
Castelo de Sesimbra


Saltamos desde Óbidos a Sesimbra. En la etapa anterior terminé de noche, así que lo que hice fue entrar en autopista y cruzar el tajo. Fue como hora y pico por autopista (en obras) y unos cuatro euros y pico de peaje. No demasiado para la distancia recorrida.

En raras ocasiones me pasa lo que en esta: voy a un sitio y no me convence del todo... y vuelvo y se confirma... y vuelvo y resulta que no podía estar más equivocado porque el lugar, en realidad, es una preciosidad. Eso es lo que pasa con Sesimbra: al igual que Ferrol, el casco urbano no seduce a nadie, pero sus alrededores son impresionantes.

Como en nuestras últimas rutas, recomiendo tener abierto el mapa del trayecto al tiempo que se lee esto, para no perdernos. Ir contando cada cruce no tiene mucho sentido teniendo Google Maps.

Vamos a salir de Lisboa y cruzar el puente 25 de Abril, que por si solo ya debería ser un destino: en alguna foto que hice la gente lo confundió con el Golden Gate de San Francisco y sigue siendo el puente de los que he visto que más me gusta. Incluso más que el enorme y cercano Vasco da Gama.

Una cosa que no sabe mucha gente de España es que ambos puentes están en autopistas de peaje pero que no es necesario pagar peaje para usarlos: en cualquiera de los dos se puede abandonar la autopista en la primera salida sin coste alguno.

Así que cogeremos esa primera salida y nos dirigiremos a ver la Lagoa de Albufeira. El camino que vamos a seguir a mi me encanta: se trata de una carretera que avanza entre pinares que crecen en una extensa región cubierta por arenas y dunas. El aporte de áridos en tiempos en que el nivel del mar estaba más bajo debió ser ciertamente monstruoso, ya que en otras regiones cercanas, como la península de Troia, un poco más al sur, se observa el mismo fenómeno.

Esta laguna está formada por dos cuerpos lagunares unidos por un canal poco profundo, y recibe su agua de una serie de regatos, además de la que se pueda filtrar a través del cordón dunar que la cierra.

Este cordón se abre de forma periódica por la mano del hombre para que el agua de la Lagoa se pueda renovar. El canal abierto se cierra poco después de forma natural. Hay constancia de que este proceso se lleva haciendo desde el siglo XV.

Tanto la parte central de la Lagoa como el cordón dunar que la cierra y el canal de desagüe son muy bonitos, y la gama de colores y el contraste entre bosque, duna, laguna y mar es de una belleza muy particular.

Por cierto que se puede avanzar por la costa desde Caparica hasta un poco más al sur, siendo un ejemplo de las kilométricas playas de las que dispone el litoral luso.

De hecho, podríamos avanzar hasta nuestra siguiente parada caminando por la costa (a costa de dejarse las piernas en el intento). La llamada Praia do Meco tiene otros muchos nombres, y por aquí, en dirección sur según creo recordar, hay algunas playas nudistas (de las poquísimas que en Portugal tienen autorización para esta práctica).

Praia do Meco tiene mucha fama por la región de Lisboa, y la verdad es que a mi me parece bastante bonita. No tanto como la Lagoa, pero por su situación y por la escasa presión urbanística a mi me parece bastante recomendable.

Y de aquí, al Cabo Espichel, lo que vendría siendo el punto más occidental de la península de Setúbal. Cabo Espichel es realmente bonito: costa de altos acantilados, pequeñas
azenhas de buena profundidad y luego están su faro y los restos del monasterio, hoy en restauración y que en sus buenos tiempos contaba con un acueducto, un teatro y que tenía el favor y la protección de la Corona portuguesa, que lo frecuentaba.

Por sus vistas, y lo bonito del paisaje, y también por el monasterio, a mí me parece imprescindible acercarse si uno visita Sesimbra.

Y de aquí vamos a ver el castillo de Sesimbra. Construido originalmente por los musulmanes, el primer rey de Portugal, Afonso Henriques lo conquistó y se perdería brevemente durante el reinado de su sucesor, para ser recuperado y no volver a dejar de estar bajo bandera lusa salvo en los períodos de unión entre Castilla y Portugal

Sesimbra es uno de los pocos puertos naturales de la península de Setúbal, y su flota es exclusivamente pesquera o recreativa. Está llena de restaurantes donde poder degustar una buena parrillada de pescado.

El final de esta etapa se acerca. Ahora seguiremos hacia Setúbal por la Serra da Arrábida. La Serra es bastante peculiar, tanto por su orografía, como por sus acantilados, bastante diferentes de los que vimos en el Cabo Espichel, pero casi tan escarpados como aquellos y cubierto por una densa mata de bosque de poca altura.

La carretera que cruza esta Serra tiene dos ramas: una que va por el Monasterio, que tiene mucha fama pero que no conozco, y la que tomé yo, que es una carretera costera sinuosa, con excelentes vistas y que desciende hasta las playas de la zona, de gran popularidad entre los habitantes de Setúbal, ya muy cercana.

A mí esta carretera me recuerda a las típicas
coastal roads que a veces se ven en videojuegos y películas, con esos túneles excavados en la roca y curvas pronunciadas que discurren sobre el acantilado.

Y por aquí vamos a terminar, justo delante de un faro, donde podemos aparcar y ver al otro lado del canal donde termina el estuario del río Sado la península de Troia, que ya habíamos visto en una ruta anterior y que está horriblemente desfigurada por unos edificios y unas urbanizaciones que jamás se debieron construir allí, sobre todo porque se supone que es una zona protegida.

El Mapa
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26.2.09

Lugares a Descubrir: Portugal de Norte a Sur (II)

Ribeira d'Ilhas
Praia dos Pescadores, Ericeira
Azenhas de Mar
Palacio Nacional de Sintra
Alcornoques en el Alentejo
Praia do Salto (Porto Covo)
Vamos a iniciar esta ruta donde dejamos la anterior: en Peniche. Como esta ruta también es un poco larga, nuevamente voy a recomendar echar un ojo al mapa y no perderlo de vista porque no me voy a parar a indicar qué carretera coger ya que el post va a ser un poco largo.

De Peniche lo que ya había dicho en el post anterior: los acantilados merecen la pena y tal vez una visita a las Ilhas Berlengas puedan suponer una excursión interesante. Para ir hay que coger un barco en el puerto pesquero, y tras 15 kms de viaje se llega. No he estado y sólo las conozco por foto: playa pequeña y abarrotada y un fuerte que me pareció muy interesante.

Otra cosa acerca de Peniche es que tiene una cierta fama entre los surfistas del país. De hecho, muchas de las playas que vamos a ver hoy estaban llenas de practicantes de este deporte. No es extraño, por otra parte, que haya tantos practicantes de surf en Portugal con tantos kilómetros de costas.

Lo primero que nos llamará la atención es que el paisaje no se parece en nada al que hemos visto hasta ahora, que parecía un poco una prolongación de Galicia (a pesar de lo espectacular de las montañas que rodean Aljubarrota), si no que de repente el terreno se vuelve más llano y más árido... como Castilla, pero más verde.

Primera parada: Torres Vedras. Realmente si andamos mal de tiempo la podemos obviar ya que lo único interesante que vi, además de su casco antiguo, son los restos de su castillo, en pésimo estado de conservación (que sí, que vale, que el terremoto de Lisboa le hizo mucho daño... pero eso fue en el siglo XVIII), y con modernos apartamentos construidos casi adosados a sus muros. Un asco.

Volveremos a dirigirnos hacia el mar, hacia Ericeira, pero por el camino nos encontraremos una curiosidad (para los españoles), y es que pasaremos por un pueblo llamado Gibraltar.

Antes de llegar a Ericeira veremos ya algunas playas como São Lourenço o Ribeira d'Ilhas (atestada de surfistas) que nos van a servir de aperitivo para las que vendrán en el futuro.

Ericeira es un pueblo de pescadores que está hipertrofiado por la influencia del urbanismo salvaje. Es uno de esos pueblos cercanos a Lisboa que han visto cómo sus cercanías se llenaban de apartamentos de segundas residencias vacacionales para los capitalinos y gentes del interior. Gracias a Dios, aún se puede pasear por su interior sin que los ojos te duelan, aunque la densidad de turistas por metro cuadrado le hace perder cierto encanto. Recomiendo visitar la plaza, y también la Praia dos Pescadores, en la parte baja del pueblo, junto al puerto. Muy bonita para ser urbana.

Como curiosidades sobre Ericeira, decir que en su escudo aparece un erizo de mar (de ahí el nombre) y que desde aquí partió el último rey portugués al exilio.

Al salir del pueblo podemos ver una playa también muy bonita. Merece la pena detenerse unos segundos en el mirador para admirar el pueblo y las vistas a la playa.

Sigamos: vamos a ir a una de mis paradas preferidas, si bien cuando fui me decepcionó un poco, ya que las fotos que había visto me parecían espectaculares. Ahora, con el tiempo y la distancia lamento no haber callejeado un poco por ella y trataré de subsanar este fallo en próximas visitas, porque Azenhas de Mar, un pequeño pueblo de Sintra que no aparece ni en Google Maps ni tampoco en el GPS se merece eso. Azenhas está construida sobre un acantilado, y sus casas van haciendo camino hasta llegar a una pequeña playa. Es mejor ver una foto que describirlo. Por cierto, un aparcamiento situado a la zona sur tiene una caida a pico hasta el mar que acojona un poco.

Siguiente parada, Cabo da Roca. No es gran cosa, aunque tiene unas vistas decentes... pero es que hay que parar: es el punto más occidental de la Europa continental. Sólo por eso se merece una parada momentánea. Cuando fui de pequeñito hasta vendían pergaminos conmemorativos (el mío sabe Dios debajo de que piedra puede estar)

De aquí iremos a Sintra, la antigua capital de la Jet Set europea (bueno, habría que añadir a Cascais y Estoril que estaban en el ajo y que son limítrofes con Sintra). Sintra es parada obligada. Hay que visitar el Castelo dos Mouros y el Palacio da Pena, así como el Palacio Nacional. No me extiendo con esto porque ya lo habíamos visto en esta ruta.

Podríamos dirigirnos a Lisboa, pero en lugar de eso vamos a rodearla para atravesar el Tajo (Tejo en portugués) por el Ponte Vasco da Gama, el puente colgante más largo de Europa. Lisboa merece la pena, claro... pero no tenemos tiempo. Si decidís parar, Chiado, Estufa Quente, Castelo de São Jorge, la Sé, el Monasterio de los Jerónimos y la Torre de Belem, por destacar algunas cosillas. Así que tampoco veremos el distrito de Setúbal (dicen que es muy feo), ni tampoco revisitaremos Sesimbra

La autopista a la que pertenece el Vasco da Gama es de peaje, pero podemos evitarlo saliéndonos en la primera salida, a la N-5 que va a Alcacer do Sal o Montijo. A partir de aquí nos meteremos en plantaciones de alcornoques primero y de pinos después, en carreteras rectas con poco tráfico y por tramos muy anchas y cómodas. Con el discurrir de los kilómetros veremos que toda la zona es un inmenso campo dunar sobre el que nacen los pinos... y estamos a bastantes kilómetros del mar. Si alguien tiene una buena explicación de cómo se formó la zona, estaría muy agradecido.

Por cierto, una vez que nos metemos al sur del Tajo ya estamos en el Alentejo, cuya capital, Évora, ya conocíamos de una ruta anterior.

La N-5 nos va a dejar en Alcacer do Sal, uno de los pueblos más antiguos de Europa (fundado por los fenicios) y antigua capital de provincia de alguno de los reinos árabes que desaparecieron con la Reconquista. Desde aquí partiremos hacia la Península de Troia siguiendo el curso del Rio Sado (no me he inventado el nombre) a medida que se abre en estuario.

Troia fue sin duda la mayor decepción de todo el viaje. Es una península de arena preciosa y le han construido una urbanización, un campo de golf y cuando fui el verano pasado estaban montándose todo un Resort con hoteles, edificios y demás parafernalia. Es zona protegida, así que me pareció un crimen.

Desde Troia hacia el sur tenemos una playa contínua de decenas de kilómetros que llega hasta Sines y que está separada de la carretera por un cinturón dunar. No sabría deciros cuál es el mejor tramo para bañarse, aunque tengo entendido que por algún lado se hace nudismo. Lo que sí puedo decir es que hay tan poca gente que se está muy relajado: ni ruidos, ni aglomeraciones. La playa más tranquila que vi en Portugal. Será por eso que quieren echarla a perder.

Rumbo sur y nos dirigiremos hacia la Lagoa de Santo André, que pertenece al concelho de Santiago do Cacém. La Lagoa es objeto de una pequeña ceremonia anual ya que a finales de marzo o principios de abril se rompe el cordón dunar que la separa del mar para que el agua se renueve. En este post teneis un vídeo donde se puede ver el proceso. Justo aquí al lado está Vila Nova de Santo André, una de las ciudades más jóvenes de Portugal (fundada en 1973) y que ahora cuenta con una población de unos 11 mil habitantes, aunque fue pensada para albergar unos 100 mil. Es en realidad un dormitorio de la cercana Sines.

Desde aquí nos iremos al interior para visitar Santiago do Cacém y su castillo, de origen árabe. Se supone que lo de Cacém es una lusificación del nombre de un tal Kassem que sería el fundador del pueblo.

Nuestra penúltima parada será Sines, cuna de grandes navegantes y cuyo vecino más famoso fue Vasco da Gama, el descubridor de la ruta a la India doblando el Cabo de Buena Esperanza. Su industria más potente es su puerto, el más grande desde Lisboa al Cabo São Vicente. En Sines hay una refinería.

Hablando de eso... ¿recordáis lo que dije de los Intermarché y el combustible? Pues antes de entrar en Sines, si uno viene desde Santo André hay uno. No es tan barato como el de Alcobaça, pero es mejor que las gasolineras normales.

Desde Sines hacia el sur hay un cambio importante en la costa: desaparece la playa kilométrica de antes y la costa comienza a escarparse. Las playas estarán ahora entre acantilados o serán pequeñas calitas como las que veremos en Porto Covo, nuestra última parada de hoy. Merece la pena pasearse por los acantilados y ver el rosario de pequeños arenales: Serro D'Aguia, Salto, etc.

Aquí fue donde me alojé. Hay varios campings y el que conozco es Costa do Vizir y más o menos lo mismo que en Peniche: personal desagradable (incluso se negaron a darme una toma eléctrica y tuve que porfiar hasta que cedieron), no dejan meter coches en el cámping e instalaciones de ducha y baños en un estado sanitario bastante dudoso. Al parecer han tenido problemas con clientes españoles porque nada más detectar tu nacionalidad ya te miran raro. Y conmigo aún se portaron porque hablo portugués. Muy caro para lo que ofrece.

El mapa
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4.1.07

Turistas españoles en Lisboa

Los que seguís este blog sabéis que estuve hace poco en Lisboa, y por una vez no voy a hablar ni de la ciudad (algún día tendré que proponer una ruta), sino de los turistas.

Y esto es así porque estuve en el puente de diciembre y Lisboa y sus alrededores (Sintra, Cascais, etc.) estaban literalmente tomadas por turistas españoles. Tantos había que lo difícil era escuchar algo en portugués por las calles.

El comportamiento de estos turistas dice bien poco acerca de nuestro país y de sus gentes, ya que salvo honrosas excepciones su comportamiento era el que tendría el arquetípico turista de las pelis de Hoollywood, esos que aparecen con las camisas de flores horteras.

Cuando voy al extranjero procuro hacerme con algunas nociones del idioma, de la geografía... no sé, cosas que me ayuden a que me entiendan.

Pero estos turistas de folletín, no. Nada de eso. Se hacían entender a gritos, como si los portugueses que les atendían fuesen lelos o tuviesen la obligación de comprender el castellano. Y alguno casi se enfadó porque el luso por más esfuerzos que hacía no entendía que le estaban pidiendo.

En el Telepizza de la Baixa, por ejemplo, eran mucho más pragmáticos: les daban una carta en múltiples idiomas, y que les señalasen lo que querían. Y aún había algún turista que no entendía un carajo y le pedía las cosas al dependiente mirándole fijamente y hablando despacito, como si se dirigiese a un retrasado o tratase de hipnotizarle. Tengo muy claro cual de los dos era el más retrasado.

Y digo lo de "más retrasado" porque la inmensa mayoría del turismo que recibe tanto la ciudad como el país entero es español. Y sin embargo no parece que se hagan esfuerzos para aprender el idioma. Y lo peor es que a ellos se les dan muy bien los idiomas: hablan cojonudamente tanto francés como inglés, pero de castellano, poquito.

Hay, pese a todo, quien trata de hablarte en tu idioma, como el recepcionista del hotel de Évora en el que estuve... pero su nivel era tan bajo que simplemente le dije un "Pode falar português a vontade" ("Puede hablar en portugués sin problemas") y al hombre fue como si se le abriesen los cielos.

Aún así no deja de ser una situación bastante extraña, porque son dos idiomas que tienen el suficiente parecido como para que con un mínimo esfuerzo sea posible comprendernos mutuamente.

Pero eso, que no deja resultarme curioso que cada vez que callejeo me encuentro conque las cartas de los restaurantes, las indicaciones de turismo (y muchos de los folletos) y otra cartelería en varios idiomas incluya el francés, el inglés, el alemán o (más raramente) el italiano, y sean una minoría los textos en castellano.

Siempre se ha dicho que España y Portugal han vivido de espaldas la una de la otra, y no deja de ser cierto: ¿cuántos de vosotros sabéis que hay una diferencia horaria de 60 minutos entre ambos países? Supongo que pocos, pero alguno sí que habrá. Tal vez deberíamos hacer que eso cambie, ya que somos vecinos y estamos condenados a entendernos.

Entradas relacionadas

  1. Évora (Alentejo, Portugal)
  2. Sintra y Cascais (Estremadura, Portugal)
  3. Sesimbra (Setúbal, Alentejo, Portugal)
  4. Portugal de Norte a Sur (I)
  5. Portugal de Norte a Sur (II)
  6. Portugal de Norte a Sur (III)
  7. Portugal de Norte a Sur (IV)
  8. Portugal de Norte a Sur (V)
  9. Pego do Inferno, Tavira (Algarve)
  10. Ruta de los Miradores (Valença do Minho, Portugal)
  11. Pitões das Júnias, Montalegre (Trás-os-Montes e Alto Douro, Portugal)

13.12.06

Lugares a descubrir: Sesimbra


Castelo de Sesimbra
Gaviotas en la playa

Hace muchos años mi excursión de fin de curso de octavo de EGB me llevó por primera vez a tierras lisboetas, y mi hotel estaba situado en un pequeño pueblo del distrito de Setúbal llamado Sesimbra, unos 30 kms al sur de la capital lusa. De Sesimbra recuerdo que era un pueblo de pescadores bastante cochambroso situado al final de una carretera llena de baches y de curvas.

Dieciseis años después, los baches y las curvas siguen ahí, pero Sesimbra y los pueblos cercanos han experimentado un crecimiento bastante vertiginoso llegando incluso a duplicar su tamaño. El problema de Sesimbra en concreto es que este crecimiento no se hizo de una forma ordenada y no ha habido ningún criterio urbanístico reconocible, ya que los alrededores del casco urbano están infestados de esas horribles urbanizaciones de chalets adosados hechos por y para horteras.

Bien es cierto que ya no es un pueblo cochambroso, sino que parece que ha sido reconstruida desde la primera a la última casa e incluso se ha construido un moderno puerto, con lo cual aquel sabor a pueblo marinero se ha perdido en parte, y ahora los restaurantes para turistas se pueden encontrar en cada esquina del centro, con lo cual el ambiente está impregnado tanto del olor a mar, como del olor de diversos pescados a la parrilla, cosa que excita a sobremanera el estómago y las glándulas salivales de uno.

Tras haber recorrido las calles con detenimiento, finalmente nos decidimos por un restaurante llamado "Golfinho" (Delfín), cuyos precios eran bastante razonables... pero no repetiría en él, porque aunque las raciones me dejaron satisfecho y tanto el Bacalhao grelhado (Bacalao a la parrilla) como el Espadarte grelhado (Pez espada a la parrilla) estaban muy buenos, no eran particularmente generosas, y encima picamos en el viejo truco de comernos el queso y los untables que ponen como entrante (y que no solicitas), y por los que nos clavaron casi cinco ?. Siempre me ha parecido un truco bastante deshonesto por parte de los restaurantes, pero el hecho de que lo cobrasen tan caro (porque realmente no era gran cosa) me fastidia bastante.

El problema es que el resto de los locales de la ciudad, salvo uno o dos, eran mucho más caros ya que Sesimbra parece ser un lugar bastante turístico y el tipo de gentes que atrae debe poder permitírselo. Había otro local, subiendo por el Hotel Sana a un precio similar (aunque no recuerdo el nombre). Si alguien lo visita que me cuente porque dudaba entre ese y el Golfinho.

Para llegar desde Lisboa hay que coger un autobús en la Praça de Espanha que nos va a llevar cruzando por la Ponte do 25 de Abril sobre el Tajo (una vista impresionante). La plaza no es como la mayoría de las plazas que había visto en Lisboa, y su estado de conservación es bastante más pobre de lo habitual. No hay una estación de autobuses sino una serie de marquesinas donde para el autobús que te lleva a tu destino. El que nos llevó estaba en un estado bastante deficiente, y debía tener unos veinte años de antigüedad... pero eso no es lo peor: el que nos trajo de vuelta en España habría sido retirado del servicio y debía tener sobre 30 años. Y todo a cambio de un viaje más caro de lo que debería ser (más de 3 euros y medio por 30 kms de distancia) y atendido por dos conductores de todo menos amables (uno de ellos bastante maleducado, por cierto)

Visto esto, lo que recomiendo de Sesimbra es su castillo, antes de la entrada en el pueblo. Tiene un gran estado de conservación y es un mirador privilegiado. Ignoro si cobran entrada ya que no pude ir (además de todas las desgracias, llovía, con lo cual nuestra planeada excursión por las tierras del sur de Lisboa a la Serra de Arrábida y Setúbal tuvo que ser cancelada).

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9.12.06

Lugares a Descubrir: Un paseo por Sintra y Cascais

Hoy vamos a darnos una pequeña vuelta por el glamouroso mundo de la Jet Set. No vamos a ir a Marbella ni tampoco a Montecarlo, sino a la ya menos popular (pero infinitamente más bella e interesante) región de Sintra y Cascais.

Digo que es menos popular porque en el pasado y tras "descubrirla" para la aristocracia y la plutocracia la familia real portuguesa a finales del siglo XIX esta región está en franco retroceso dentro de las preferencias de las llamadas clases "VIP" frente a las más pujantes villas citadas en el primer párrafo. O lo que es lo mismo, que el dinero no concede la inteligencia.

Nuestro viaje comienza nuevamente en la lisboeta estación de Sete Rios, (Jardim Zoológico si vais en metro hasta ella). Para hacer el recorrido se puede coger un billete combinado que cuesta 12? y que tal vez no compense dependiendo del recorrido que pretendamos hacer o tal vez si, y mucho, ya que nos permite viajes ilimitados dentro del mismo día en parte de las redes de la compañía portuguesa de ferrocarriles (CP) y la compañía de autobuses que realiza el transporte urbano en Sintra (y no sé si en Cascais), y que si no recuerdo mal se llamaba Scotturb (o algo por el estilo).

Dejamos el tren en la estación de Sintra (terminal) y en la misma estación hay una oficina de turismo (que pronto colapsarán los viajeros) y podemos visitar brevemente el centro histórico (para localizarlo, seguir a los que salieron de la oficina de turismo con un mapa), tras pasar por delante de los Paços do concelho. Realmente tampoco tiene mucha pérdida, ya que está a los pies de un imponente palacio con dos chimeneas en forma de cono y con un tamaño ciertamente imponente.

Sintra es un pueblo bastante pequeño que se sitúa en la ladera de una montaña, dónde las clases acaudaladas del pasado construyeron bastantes parques y mansiones de pintoresca arquitectura cuya estética (rozando la horterada en muchos casos) estaba más pensada para aparentar que para agradar al ojo. El conjunto, sin embargo, resulta bastante agradable con todas esas casonas emergiendo de entre los árboles.

Callejear por Sintra no nos llevará mucho tiempo, ya que es un pueblo bastante pequeño, y podemos aprovechar para degustar el postre típico de la zona: la queijada, que se vende en numerosos locales.

Lo que realmente merece la pena es empezar a sacar partido de nuestro carísimo billete combinado y tomar un autobús (línea 434) que nos lleve al Castelo dos Mouros y al Palacio da Pena. La entrada cuesta 4? para cada uno de ellos.

El castelo fue originalmente construido por los musulmanes durante el período de la Reconquista y más adelante ocupado y utilizado por los cristianos, con los que se inició su decadencia. Esta sería completa con la expulsión de los judíos ya que en aquel momento eran los únicos habitantes del castillo. Algunos siglos después el rey consorte Fernando II decidió recuperarlo, convirtiéndose en una atracción turística.

El palacio da Pena por su parte está considerado como una de las joyas del romántico portugués y fue construido en el siglo XIX por el antedicho Fernando II, que lo convirtió en residencia veraniega de la realeza lusa sobre las ruinas de un convento de los jerónimos que había sido devastado por el gran terremoto de Lisboa del siglo XVIII.

Hora de comer. Aunque en Sintra hay numerosos restaurantes y un par de bares, yo me decantaría por uno de los más económicos (los normales sablean con bastante alegría al incauto y hambriento turista), el Xentra, que por las noches se transforma en Pub. La decoración interior es sobria y elegante, y por 7,50? nos ofrecen un interesante menú consistente en una bebida, pan, sopa, un plato a elegir entre un entrecot de cerdo o una rodaja de salmón grelhado y un postre. Creedme: son muy generosos a la hora de rellenar el plato y la comida es un auténtico manjar, aunque les falte algo de variedad.

Volvemos a la estación de ferrocarril de Sintra para coger el autobús. Podemos visitar la zona costera yendo hasta Azenhas de Mar, que creo que está unido a Sintra por un tranvía que debe funcionar sólo los meses de verano, o hacer como yo y coger el bus hasta Cascais parando en el Cabo de Roca, el punto más occidental de la Europa continental.

Advertencia: a la hora de subiros a la línea de Cascais (la 403) mejor ir dopado de biodraminas. El conductor que me tocó en suerte estaba pirado (y soy muy amable diciendo esto) y la carretera tiene tantas curvas como una pista minera. En algún tramo pude ver claramente escenas de mi vida pasando ante mis ojos, como en uno muy estrecho, con muros a cada lado, pendiente pronunciada, bajando a toda marcha y viendo una furgoneta viniendo hacia nosotros cuando ya suponía que era un tramo de dirección única... encima el bus llegó con retraso y no paramos en ningún lugar fuera de las escasas paradas, con lo cual avisados quedais.

En mi caso el Cabo de Roca quedó descartado porque cuando pasamos por allí ya era de noche, y esperar una hora y veinte minutos por el siguiente autobús intuyendo el acantilado por el sonido no parecía el mejor plan del mundo.

Al llegar a Cascais podemos callejear nuevamente por sus rúas atiborradas de comercios y restaurantes, cuyos camareros, perfectamente uniformados, asaltan al turista carta en mano tratando de atraerlos hacia sus locales. Personalmente, me parece mucho más interesante irme hasta el puerto y visitar alguno de sus palacetes.

Porque Cascais fue residencia de reyes en el exilio, como Humberto II de Italia o la Familia Real española, que se asentó en la vecina Estoril (perteneciente al municipio de Cascais). Podemos trazar un pequeño recorrido hasta el impresionante cantil de Boca do Inferno. Para ello debemos ponernos en el pequeño puerto y dirigirnos hacia la muralla que veremos a la derecha (si estamos orientados al mar), pasarla y seguir siempre a la derecha hasta que encontremos un restaurante con el nombre del acantilado. En este camino es donde veremos un primer palacio (precioso), la residencia del exiliado monarca italiano y algunas con una bonita arquitectura.

Boca do Inferno es espectacular hasta en la oscuridad. La escasa luz que llega de la iluminación urbana da para que adivinemos su poder, y hasta veamos alguna columna blanca de espuma que se genera al chocar alguna ola contra las rocas y que impresiona por su magnitud.

De vuelta a Cascais podemos coger un tren que nos lleve de vuelta a Lisboa, utilizando la que es la vía férrea más veterana del país, ya que fue la primera en ser inaugurada, hasta la terminal de Cais do Sodré, dónde podremos enlazar con el metro o coger algún bus o eléctrico (tranvía) que nos lleve de vuelta a nuestro hotel o pensión.

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