5.5.06

Escotes (no Scottex)

Hay que ver cómo vienen los escotes de este año. ¿Alguien más se ha fijado?

Lo cierto es que no me di cuenta hasta el otro día, cuando estaba comiendo en la cafetería de Matemáticas. Yo estaba todo feliz leyendo mi periódico cuando de repente se sienta frente a mi una rubia con un escote no ya vertiginoso, sino profundo. Tanto como dicen que son las obras de Sartre, aunque sin ánimo de comparar, creo que Jean Paul nunca llegó tan lejos.

Iba yo cavilando sobre dicha visión, y comparándola con cierto episodio que me ocurrió en un tren, años ha, cuando me fijo que realmente no era la única, sino que parece ser que la plaga se extiende por todo Compostela. Hay que ver cómo vienen los escotes de este año (y eso que sómos lugar santo de peregrinación y que la gente viene aquí por motivos espirituales de los cuatro rincones de la Tierra, amén)

Cómo pasó con el color naranja en otoño o las botas esquimales en invierno, es la moda.

Y es que la moda es la monda. Cosas que el año pasado nos parecían ridículas hoy nos parecen elegantes, y mañana nos volverán a parecer ridículas. Algo así pasa cíclicamente con los pantalones de pata de elefante que de vez en cuando vuelven.

También puede ocurrir que lo que un año es impresentable y propio de gente "abandonada" ahora sea lo más "in". Recuerdo que hace algunos años las niñas fashion decían que vestía mal porque iba de chándal y zapatillas... y ahora ellas van de chándal hipermegaajustadoquemequedosinrespiración (arf) y zapatillas deportivas (que a veces alcanzan la mitad de la pantorrilla). Ahora resulta que no sólo no iba mal, sino que era un visionario, un precursor y vanguardista y no sé qué más. Sigo yendo en chándal y con zapatillas, que lo sepáis.

O la moda metrosexual, que consistía en ir lo más hortera posible gastando lo más posible, muy al estilo Beckham (claro que él cobra varios milloncetes al año). Hoy mismo, por ejemplo, he visto a un tío tan fashion, tan fashion que parecía el Chaval de la Peca. En plena Praza de Galicia y a las cuatro menos cuarto. Iba todo orgulloso con su camisa ceñida de solapas anchas, rayado oblícuo y gafas de sol (de estas que son como un casco de moto, pero sin el casco) de montura dorada, pantalón ajustado, menos en la parte de abajo de la pernera dónde ancheaba un poco y unos andares de "sí, soy el puto amo" que ya los quisiera para sí Michael Knight.

Luego están estas chaquetillas de las chicas que se han puesto de moda, y que creo que se llaman "toreras". Esas que parecen un sujetador con mangas. ¡Qué poco me gustan! Y luego muchas de las chicas que las llevan lo combinan con una especie de top escueto, pero que se nota bastante por debajo de la chaquetilla, pantalones de estos de pinzas que llegan por encima de la rodilla y medias de redecilla y todo ello asentado sobre unos zapatos bajos y dorados que harían las delicias de Fran Drescher y en la carita unas gafas de sol D&G o del estilo casco-pero-sin casco, naturalmente. Ni la Madonna de "Buscando a Susan Desesperadamente" era tan aterradoramente hortera.

Pero que queréis, la moda es la moda, y el que no la siga, condenado al ostracismo.

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1 comentario:

José Manuel dijo...

Te comprendo. Debemos ser fuertes y resistir. Tratar de que no se note mucho que miramos. Tienen armas muy potentes y saben como usarlas. Somos débiles y también lo saben... La humanidad depende de ello... o a lo mejor... que nuestra novia nos de un guantazo si nos pilla mirando, jajaja.